Muro

Desde el mismo momento en que empezó a existir, hacía ya diez años terrestres, Único había dedicado su existencia a caminar sin descanso. Su razón de ser era apoyar un pie en la arena mientras desplazaba el otro hacia adelante con la única intención de apoyarlo de nuevo y avanzar así un poco más. Su paso era lento, constante y equilibrado por lo que su movimiento era en línea recta. Su dirección y sentido habían sido los mismos durante diez años y probablemente seguirían así hasta el primer instante de su inexistencia. Sin embargo andar sin descanso por aquel desierto no era su única actividad, Único poseía un cerebro y era capaz de percibir su entorno, analizarlo y preguntarse sobre el por qué y el cómo de todo ello. Era capaz de relacionar entre sí los datos que le llegaban a través de sus sentidos y crear ideas y formas de entender su mundo que ni habían nacido con él ni estaban representados en el mundo material. Durante toda su existencia se había preguntado infinidad de cosas pero curiosamente nunca se había preguntado por qué estaba solo o por qué caminaba sin cesar. Después de ver durante años siempre el mismo escenario, no podía ni imaginarse la existencia de algo parecido a él, y el hecho de andar era como el acto de respirar para un terrícola. Entre todas las ideas que Único había creado y que daban forma a su vida estaban incluidas las leyes físicas por las que su ser se regía. Naturalmente había una gran parte de éstas leyes que estaban fuera de su alcance debido a la móvil y esclava posición que ocupaba en su mundo. El planeta donde existía poseía tres dimensiones espaciales y una temporal así como un campo gravitatorio y una rotación sobre sí mismo. No tenía traslación porque estaba compuesto por toda la materia que quedaba en el universo. Pero por culpa de su movimiento Único sería incapaz de entender un cambio de velocidad aunque se lo explicasen. El tiempo reducía aún más el número de leyes que de verdad entendía porque aunque era consciente de él no lo comprendía en absoluto.

Toda la superficie del planeta era un desierto de arena blanca, totalmente liso, sin montañas ni depresiones. El cielo carecía de nubes y una extraña fluorescencia que llegaba del infinito iluminaba con potencia cada centímetro cuadrado desde todos los ángulos, por esto Único no proyectaba sombra alguna. El planeta era enorme, millones de veces mayor que la Tierra y la sensación de estar posado en su superficie, mirar alrededor, observar el horizonte casi en el infinito y percibir allí la soledad, podría acabar en un instante con cualquier ser del universo. A medida que iba pasando el tiempo el cerebro de Único se iba desarrollando, adquiriendo conocimientos. Consecuencia directa de ésto era el surgir de miles de preguntas y misterios.

Un muro de arena se levantaba a la izquierda de Único no muy lejos de él, siguiendo su misma dirección y perdiéndose en el horizonte. Estaba construido con la misma arena que cubría el planeta y parecía petrificado. Era un muro fuerte, incapaz de ser derribado por nada. Se fundía en su base con el suelo como una nariz se funde a la cara, no era un muro colocado sobre la superficie del planeta, era parte de su estructura. Se elevaba cientos de metros sobre el suelo y ni siquiera al mirar en la dirección de la marcha Único conseguía ver lo que había al otro lado. Gracias a la existencia del muro era consciente solo de la mitad de su pobre mundo.

El muro era la mayor incógnita a la que Único se había enfrentado y cada vez que su cerebro hacía una nueva conexión intentaba vincularla de alguna manera a su compañero de viaje. Podían pasar semanas enteras atacando el misterio del muro desde un punto de vista distinto cada vez usando como arma aquella nueva conexión maravillosa. Cuando había agotado todas las posibilidades que el uso de su particular razón le permitía, llegaba a la conclusión de que la nueva conexión no tenía relación alguna con su compañero de viaje, y ésto creaba otra conexión que hacía que se repitiese todo el proceso de nuevo.

Único no se preguntaba cosas como: ¿Qué es?, ¿Por qué está ahí?, ¿Qué oculta detrás?. Lo que se preguntaba era por qué caminaba junto al muro, en su misma dirección, teniendo aquella extensión infinita para perderse.

En su viaje había algo que a pesar de todo cambiaba a la vez que cambiaba la posición de Único, era lo que había mantenido su cordura y le había salvado de una atrofia mental segura. Lo usaba como hobby y pasatiempo porque se había dado cuenta de que ya no le aportaba ningún conocimiento extra y sin embargo gracias a ello había adquirido el concepto de cambio, quizás el concepto más valioso con el que había trabajado. Sin ese concepto su cerebro no habría evolucionado a partir de cierto momento y ahora no sería un ser inteligente, sería algo así como el eslabón perdido entre el hombre y el mono. Precisamente en ese mismo momento estaba disfrutando de su pasatiempo preferido… observaba plácido y distraído los granos de arena que iba dejando a su paso y cómo los dibujos que formaban nunca se repetían.

Setecientos treinta y ocho años más tarde su evolución mental se había estancado Todos los caminos que había tomado su pensamiento durante toda su vida habían llegado a un final, ahora lo único que podía hacer era seguir caminando y observar los siempre sorprendentes granos de arena. Después de cuatrocientos treinta días observando los granos de arena de forma ininterrumpida decidió que se había cansado de hacer juegos ópticos y alzó la vista al frente.

Siguiendo el paso, el pie derecho se despegó del suelo para adelantar al izquierdo y pisar luego la arena, pero esta vez pisó junto a su pie izquierdo y se paró. Un potente escalofrío recorrió todo su cuerpo seguido de una fuerte descarga eléctrica que le hizo tambalearse, unos segundos. Después cayó muerto al suelo.

Y allí quedaron los restos del único ser vivo que hubo en el universo, tirados en la arena como un despojo, varios kilómetros más allá de donde el muro se hundía en la arena, desapareciendo.

Septiembre 1993

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3 pensamientos en “Muro

  1. Hola, TrenZ:

    Leído. Tienes algunos problemas, ortográficos sobre todo: te faltan y te sobran tildes, principalmente. También de puntuación: te faltan comas aquí y allá, hay errores como colocar un punto tras interrogación (es innecesario)…

    Salvando estas cosas, el relato me ha parecido interesante, ese ser humano perdido y olvidado. Ese eslabón perdido. Quizá existe por el universo, tal vez sólo hay que encontrarlo.

    Un saludo.

    • Muchas gracias por la crítica, es un honor ser leído.
      Es un cuento antiguo y la verdad es que lo colgué sin revisarlo siquiera. Tendré que corregirlo, ya que si pretendo promocionar mi novela aquí, no creo que le beneficie mucho estar acompañada de cuentos mal escritos.
      Gracias de nuevo.

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