Marte, una pertinaz obsesión

En los últimos años, y sobre todo en los últimos meses, el planeta rojo está volviendo a captar toda la atención de la actualidad astronómica. Marte está de moda y su futura colonización acapara las nuevas producciones documentales emitidas en televisión, e incluso aparece en forma de tímidas menciones en algunos telediarios y otros medios de comunicación generalista. Ya no es un tema reservado a científicos y aficionados a la astronomía, hablar sobre Marte está empezando a ser un tema de conversación popular. En un corto período de tiempo son varios los artilugios que se han posado sobre la superficie marciana, aportando nuevos datos y, por supuesto, nuevas expectativas y especulaciones. Tratemos de entender qué es lo que está ocurriendo al respecto y cuáles son las causas de este repentino interés por el planeta vecino.

MarsMarte, el planeta rojo, el cuarto planeta de nuestro sistema solar y el último de los telúricos, es sin duda uno de los cuerpos celestes, junto con el Sol y la Luna, que más han llamado nuestra atención desde el principio de los tiempos. Nos ha inspirado para crear cientos de historias envueltas en misterios y sorprendentes sucesos, tanto en la literatura como en el cine. Se ha señalado a Marte como el origen de visitas extraterrestres e incluso como el lugar en el que surgieron antiguas civilizaciones primigenias. Ha sido un potente estimulante de la imaginación humana y un generador de inagotables misterios. Todo esto es debido a que es el planeta de nuestro sistema solar más parecido a la Tierra, y por tanto el mejor candidato para albergar vida en algún momento de su historia. Entendamos por qué:

Marte está situado a 1,5 veces la distancia de la Tierra al sol. Su día es prácticamente idéntico al terrestre, con una duración de 24,62 horas y tarda 687 días en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Su eje de rotación está inclinado 25,19° con respecto al plano de su órbita lo que provoca que Marte experimente períodos estacionarios como en la Tierra. Debido a que la órbita marciana es mucho más excéntrica que la terrestre, las estaciones son más duraderas, prolongándose una media de 169 días cada una.

Marte es un planeta rocoso y, como la Tierra, tiene valles y montañas, lo que sugiere que existió una tectónica de placas que, aunque muy diferente a la nuestra, modeló la superficie del planeta durante millones de años. Existen claros indicios de que el agua, un día, estuvo muy presente allí en forma de ríos y enormes lagos. Recientemente se ha descubierto que existieron grandes océanos alojados en las planicies del hemisferio norte, con un volumen comparable al del océano Ártico. Se habla de mares poco profundos, de 1,6 km como mucho. Su geología releva también una fuerte actividad volcánica, y muestra de ello es el monte Olimpo, el mayor volcán del sistema solar, de 27 km de altura y una base de más de 600 km. El Everest a su lado resultaría meramente anecdótico.

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Marte posee también una débil atmósfera sembrada de nubes, compuesta por un 95,3% de Dióxido de carbono, un 2,7% de Nitrógeno y un 1,6% de Argón. Contiene trazas de oxígeno, monóxido de carbono y vapor de agua. Esta composición es altamente tóxica para los seres humanos, incapaces de sobrevivir a la inhalación de dichas substancias. Asimismo, la atmósfera es tan poco densa que su presión es más de cien veces menor a la terrestre, lo que provoca que la temperatura varíe mucho entre la noche y el día, encontrando grandes diferencias térmicas, afectadas también por la altitud. En verano, y en latitudes cercanas al ecuador, los termómetros pueden marcar alrededor de 20 °C durante el día. Sin embargo, en invierno, en los casquetes polares, las temperaturas durante la noche pueden rondar los -130 °C. A pesar de todo, Marte es el planeta con la climatología más moderada después de la Tierra.

Es un hecho comprobado por diversas misiones que en Marte nieva. Y lo más llamativo es que se ha detectado hielo de agua cayendo desde la atmósfera, además del ya conocido hielo de dióxido de carbono. Cuando la nieve de agua cae a la superficie el hielo se sublima inmediatamente volviendo a la atmósfera en forma de vapor de agua. Esta es otra consecuencia de la baja presión de su atmósfera: el agua nunca podría permanecer en estado líquido, ya que se evaporaría inmediatamente incluso con valores térmicos negativos.

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El clima marciano está también muy marcado por los fuertes vientos que moldean su superficie, moviendo enormes cantidades de polvo que erosionan constantemente las formaciones rocosas. En ocasiones estas tormentas pueden afectar a toda la superficie del planeta, cubriéndolo por completo y pudiendo llegar a prolongarse durante meses.

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El tamaño de Marte es la mitad que el de la Tierra, y este hecho tiene como consecuencia notables diferencias entre los dos planetas que es necesario considerar:

La gravedad en Marte es un tercio de la gravedad terrestre, lo que no sólo implica que nosotros y cualquier objeto que llevásemos allí pesaríamos tres veces menos, sino que los gases más ligeros como el hidrógeno, el helio, etc. serían más difíciles de retener y escaparían al espacio con suma facilidad.

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Otra consecuencia importante de su menor tamaño y mayor distancia al Sol es que el planeta se ha enfriado más rápido. Esto ha provocado una vida geológica mucho más rápida que la terrestre. Y ese enfriamiento no sólo se refiere a la superficie del planeta, sino también a su interior. El núcleo de Marte parece haberse enfriado hace millones de años, aunque aún no está claro si se ha solidificado por completo o si aún mantiene algún estrato en estado de gel. Pero de lo que estamos seguros es que el núcleo no gira, y por tanto el planeta carece de un campo magnético global que le proteja del viento solar y sus radiaciones. Aunque sí parecen existir ciertas zonas en las que aún queda un campo magnético residual, muy débil y localizado.

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Es necesario tener en cuenta todos estos datos para poder hacernos una idea más clara de lo que significa en realidad llevar al ser humano hasta Marte y poder colonizarlo con éxito. A pesar de todo lo escrito más arriba no hemos sido capaces de resistir ese aparentemente indisoluble afán de exploración con el que siempre hemos contado. En cuanto nuestra tecnología fue capaz de poner las miras en el planeta rojo no dudamos en ponernos manos a la obra.

Sería objeto de otro artículo, muy extenso por cierto, tratar con detenimiento la cuestión de las misiones espaciales a Marte, ya que han sido muchas y muy diversas a lo largo de más de 55 años. Hay que resaltar la tremenda dificultad que una misión a Marte entraña. Es harto complicado llevar hasta la órbita marciana cualquier ingenio espacial en un viaje que puede durar entre 11 y 6 meses. Y, más aún, hacer aterrizar con éxito un rover u otro artilugio destinado a la toma de muestras y mediciones para el posterior envío de datos a la Tierra. Es una empresa cubierta de complicaciones, desde el inicio hasta su culminación.

Este estremecedor vídeo muestra el descenso de la Mars Curiosity hasta la superficie de Marte.

En las primeras misiones se entiende perfectamente el entusiasmo e interés científico que todos los enigmas sobre el misterioso planeta despertaban. A finales del siglo XIX y principios del XX varios astrónomos, como Giovanni Schiaparelli, E.M. Antoniadi y sobre todo el aficionado astrónomo Percival Lowell, aprovechando las grandes oposiciones de 1877, 1894 y 1909, contribuyeron a generar una gran expectación acerca de lo que Marte podía ocultarnos a los seres humanos. Lowell dedicó varios años al estudio minucioso de Marte, como gran defensor de la teoría de los canales, realizando multitud de observaciones y detallados dibujos. Aseguraba observar, aparte de la complicada red de canales, mares de agua, montañas, valles e incluso zonas cubiertas por vegetación.

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Estas declaraciones contribuyeron a que Marte estuviera en boca de todo el mundo en aquella época, y a que surgieran y se alentaran multitud de teorías, en las que se consideraba la vida en el planeta rojo como algo más que probable. La necesidad de conocer la verdad acerca de todas esas especulaciones no hizo sino aumentar, y por tanto cuando los años sesenta del siglo XX empezaron a ofrecer posibilidades reales de una exploración espacial, se hicieron todos los esfuerzos para alcanzar las respuestas a tantas incógnitas y preguntas sin solución. La más clara y evidente de todas ellas era la que todo el mundo se hacía por aquel entonces: ¿hay vida en Marte? Esa fue, y es, el motor de cada una de las misiones espaciales que se han llevado a cabo.

Si bien las primeras misiones, en plena carrera espacial, consistían en sobrevolar el planeta para tomar fotografías de la superficie y lecturas del campo magnético, radiación cósmica, estructura de la atmósfera y posibles componentes orgánicos presentes, las últimas misiones han llevado el riesgo a niveles insospechados, consiguiendo poner sobre la superficie del planeta complejas máquinas, en perfecto estado y listas para funcionar.

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Las misiones a Marte han estado siempre marcadas por la dificultad técnica y el fracaso, tanto en el despegue en la Tierra como en el vuelo, acercamiento, ingreso en órbita y finalmente en las operaciones de entrada en la atmósfera y posterior aterrizaje. De las cuarenta y tres misiones realizadas hasta la fecha, veintitrés de ellas han fracasado en alguna de sus diferentes fases. Los países que han participado en alguno o varios de estos proyectos han sido Rusia, EEUU, China, Japón, UE y La India. Actualmente son nueve las misiones aún operativas, y muchas las que se encuentran en fase de desarrollo. Un ejemplo es la MetNet, de carácter meteorológico, y que se llevará a cabo por Rusia, Finlandia y España. Y como no, ya empezamos a escuchar como algo habitual la preparación de misiones tripuladas a Marte, como la famosa Mars One, de carácter privado, y cuyo objetivo es establecer una colonia humana permanente. Dejaremos para otro artículo los detalles y conclusiones de este dudoso proyecto.

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De lo que no cabe duda es que el ser humano no descansará hasta poner a uno de los suyos sobre la superficie del planeta, y por tanto este tipo de empresas se irán sucediendo a lo largo de los próximos años. Cada vez serán más complejas y ambiciosas y no tardaremos en conocer proyectos realmente convencidos de poder hacer realidad el sueño de la exploración marciana, con la intención de una futura colonización.

Es realmente llamativo que se ponga tanto empeño y esfuerzo en colonizar un planeta que a todos los efectos está muerto. Es más que probable que hace millones de años Marte fuera muy parecido a la Tierra, pero hace tiempo que alcanzó el final de su vida, hasta el punto de que ya ni siquiera muestra actividad geológica alguna. En cierta manera Marte es hoy como probablemente será la Tierra dentro de muchos, muchos años. Para aquellos que defienden la terraformación del planeta rojo, también es un hecho que el núcleo ya no gira en su interior y el planeta continuará enfriándose. Son muchas las teorías que exponen métodos para calentar la superficie, unos más radicales que otros. El éxito de estos esfuerzos causaría una atmósfera más densa y la posibilidad de que el agua permaneciera en estado líquido, pero por dentro Marte no abandonará su camino hacia el enfriamiento y la muerte, y eso es algo que el ser humano no es capaz de controlar. Además, la terraformación, independientemente de cómo se aborde, es un proceso que puede llevar cientos o miles de años. Incluso imaginando que pudiera conseguirse en un tiempo razonable, seguiría siendo necesaria la presencia de un campo magnético global. Sin él las radiaciones continuarían siendo muy altas, tanto que resultarían letales para los seres humanos, a merced del viento solar y sus tormentas. Y por desgracia, no podemos generar un campo magnético tan colosal, capaz de proteger a todo el planeta.

Por lo tanto, el ser humano se vería obligado a vivir permanentemente bajo el cobijo de construcciones artificiales que proporcionasen la protección necesaria para una vida sana y sostenible. Otro modo de vida posible sería bajo la superficie del planeta, en ciudades subterráneas. Pero a pesar de todo, el uso de trajes espaciales será siempre necesario para poder darse un paseo al aire libre o para poder realizar cualquier tarea de construcción y mantenimiento en el exterior. Marte nunca será como la Tierra, siempre será un mundo hostil para la vida humana.

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Es entonces cuando surge la gran pregunta: ¿Para qué colonizar Marte? ¿Qué sentido tiene tratar de crear allí un hogar artificial? Si el único modo de vida posible es bajo tierra o al abrigo de estructuras que contengan climas fabricados, no haría falta ir hasta Marte. Podrían colonizarse mundos más cercanos y accesibles como la Luna o hasta ciertas zonas de        la Tierra en las que aparentemente no se podría vivir sin un entorno artificial, como la Antártida o incluso en ciudades submarinas. Algo que llama la atención de las corrientes colonialistas es que se han hecho y se seguirán haciendo grandes esfuerzos para encontrar la manera de convertir a Marte en un planeta habitable. Se han realizado complejos y dilatados estudios para tratar de adecuar la vida humana a un entorno muerto desde hace millones de años. Y sin embargo, los esfuerzos para evitar que éste, nuestro planeta, no muera parecen no ver la luz. La Tierra es aún joven, apta para todo tipo de vida, rica en ecosistemas y posibilidades, con agua en abundancia y rebosante de recursos. Y en lugar de mantenerla sana y próspera nos empeñamos en poner la vista en colonizar un planeta sin nada que ofrecer.

Sin duda resultan difíciles de comprender las fuentes de tales deseos, y sobre todo los porqués. Desde luego que Marte es un lugar que debemos explorar y estudiar, así como el resto del sistema solar y todo el universo a nuestro alcance. Su estudio nos permitirá saber más acerca de quiénes somos, de cómo se formó el lugar en el que vivimos y por supuesto nos ayudará a entender cómo y por qué surgió la vida. Es más que probable que Marte albergara vida en el pasado, y es muy posible que hoy en día no sea la Tierra el único lugar en el que exista la vida en el sistema solar; teniendo en cuenta la cantidad de astros en los que las posibilidades de encontrar agua en estado líquido son muy altas. Estamos científicamente obligados a viajar y tratar de hallar otras formas de vida fuera de la Tierra. Debemos seguir descubriendo e investigando.

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Hay que tener en cuenta que las misiones espaciales sin personas a bordo, únicamente equipadas con máquinas, son mucho más baratas, más fáciles de planificar y hoy por hoy, son el mejor método de estudio del que disponemos. Incluir a uno o varios seres humanos en una misión de exploración extraterrestre es poner una traba a dicha expedición, y no una traba cualquiera sino una capaz de hacer que toda la misión tenga que ser revisada y replanteada desde el principio, haciéndola enormemente compleja. Es, de hecho, la manera menos eficaz de búsqueda espacial, somos demasiado frágiles y dependemos demasiado de un entorno extremadamente delicado como para poder transportarlo y mantenerlo en óptimas condiciones a través del cosmos. Hoy en día somos un lastre. Aceptémoslo y utilicemos máquinas.

Pero a sabiendas de todo lo anterior, nos seguimos empeñando en lo imposible. A pesar de que como seres humanos tenemos la capacidad de elaborar complejas cadenas de pensamientos, no podemos evitar ser lo que somos, no seguir siempre al pie de la razón y la lógica. Desde el principio de los días el ser humano es un explorador nato. Expandirnos y entgender nuestro entorno siempre ha sido una necesidad, a veces incluso superada por el sentido común o lo que a primera vista parece ser lo más indicado para nosotros. Está en nuestra naturaleza investigar y descubrir, realizar las expediciones más complejas y arriesgadas a cambio de desvelar los misterios de lo desconocido. A pesar de las dificultades y los peligros, nuestra especie nunca ha cejado en su empeño de saber más, de conquistar las nuevas tierras descubiertas. La imparable determinación de colonizar Marte forma parte de nosotros mismos, porque a pesar de sus enormes dificultades, de que hoy en día sea prácticamente imposible de hacer realidad, y del incongruente fin de tal misión, no dejaremos de intentarlo.

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Nadie detuvo a los aventureros que pusieron rumbo hacia el horizonte de un mundo plano, y nadie detendrá al ser humano en su descubrimiento espacial y su ocupación de tierras estériles. Ni siquiera la muerte podrá detenernos. Puede que algún día Marte sólo sea uno de los muchos planetas colonizados por nuestra especie. Quién sabe.

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5 pensamientos en “Marte, una pertinaz obsesión

  1. Planteamiento sumamente interesante. Podríammos sacar el agua de Céres, Europa, Ganímedes, Encélado y, quizá, Charon para que vuelva a tener Marte un océano…

    • Existen teorías que proponen estrellar un asteroide como Ceres, con gran contenido en agua, contra Marte. Esto sin duda provocaría que Marte volviera a tener lagos o incluso mares en abundancia, así como una atmósfera más densa, pero a costa de devastar por completo su orografía debido al enorme impacto. Las consecuencias de tal maniobra obligarían a esperar varios cientos de años a que el caos provocado por la explosión dejara paso a un paisaje tranquilo y armonioso.

  2. Gracias por compartirlo!

    “Dejaremos para otro artículo los detalles y conclusiones de este dudoso proyecto”.
    Ya estoy deseando leerlo 😉

  3. Pingback: La Biblioteca de Trantor #36 – El Marciano | La Biblioteca de Trantor: Podcast de Ciencia Ficción y Fantasía

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