II Reunión – 1

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Daniella esperaba, incómoda al ser observada por los ancianos que había sentados junto a ella. Algunos pegaban con poca discreción la boca a la oreja de su acompañante, y jugaban a adivinar qué razón podía haber arrastrado a una persona tan joven a la consulta del médico. Daniella procuraba abstraerse de los juicios ajenos buceando en la música que brotaba de sus auriculares, pero sin mucho éxito. Sus constantes controles visuales la delataban.

La puerta de la consulta se abrió al fin. Del interior salió una pareja de avanzada edad, se marcharon tras estrechar la mano del doctor, quien le dirigió una mirada a Daniella desde detrás de sus pobladas cejas, y cuando obtuvo su atención le hizo un gesto con la mano indicándole que ya podía pasar. Ella se levantó y entró en la consulta invitada por el cortés gesto del doctor, que cerró la puerta tras él.

─¿Ningún problema? ─repitió ella, visiblemente en desacuerdo con los resultados de los análisis.

─Así es ─respondió el joven sin eliminar una tontorrona sonrisa de la cara─. Comprendo su preocupación ante los síntomas, hoy en día no es habitual encontrarse indispuesto sin una causa aparente. Ha hecho usted bien en acudir a mi consulta.

─Pero entonces… ¿qué es lo que me ocurre?

Daniella no pudo contener los nervios, que le agitaban la respiración.

─No le ocurre nada malo ─dijo ampliando la sonrisa─, simplemente está usted embarazada.

El desconcierto fue mayúsculo. Daniella quedó muda durante un dilatado período de tiempo. Sus ojos iban de un lado a otro de la habitación, como si esperase encontrar la solución apoyada en alguna estantería, pasando incluso sobre el doctor, que esperaba aún con la media sonrisa dibujada.

─Pero, pero… ─balbuceó sin lograr terminar la frase─. ¿Está usted seguro?

─Por supuesto, no hay ninguna duda. Es un hecho, va usted a ser mamá.

Daniella se echó las manos a la cara, en un desesperado intento de que el mundo desapareciera a su alrededor, pero no tuvo suerte. Sus ojos se inundaron sin control y la futura madre se rompió en mil pedazos.

El portador de la noticia reparó en la incómoda situación en la que Daniella había caído presa, y después de un corto pero sincero debate interno rompió el silencio.

─Daniella, sabe usted que hay alternativas a su situación.

Ella le miró sin decir nada, aún inmersa en oscuros pensamientos.

─Quiero decir ─continuó─, que siempre existe la posibilidad de poner remedio a un vástago no deseado. Si lo desea le puedo enviar información al respecto.

El puño de Daniella se cerró con fuerza sobre el informe.

Aquella noche apenas pudo dormir.

Desde luego que no era la primera vez que Daniella acudía a una entrevista de trabajo. Se había pagado los estudios trabajando, y durante esos años tuvo ocasión de hacer decenas de ellas. Sin embargo, ésta era diferente, y precisamente ésa era la razón por la que apenas había podido coger el sueño en toda la noche. Demasiadas emociones en las últimas horas. Debía estar al cien por cien, necesitaba tener las ideas bien asentadas para afrontar la que podría ser la gran oportunidad de su vida. Nada debía distraerla, tenía claras cuales debían ser sus prioridades, y haría todo lo necesario para no alterar el orden.

Después de saltar de una empresa a otra intentando conseguir un trabajo en el que poder realizarse profesionalmente, por fin había encontrado uno que realmente valía la pena. Ocasiones como ésta eran difíciles de encontrar, sobre todo teniendo en cuenta que era MEVAM la empresa a la que aspiraba. La multinacional responsable del mayor salto tecnológico de la historia, ejemplo en universidades, referencia en las bolsas de todo el mundo, el camino a seguir. Sin el desarrollo médico y tecnológico que MEVAM había provocado en apenas dos décadas el mundo no sería tal y como era.

Daniella había estudiado duro para ser la primera de su promoción. Quería formar parte de algo importante, influir en el curso de la sociedad, apoyar sus manos sobre la evolución del hombre y darle un empujón. El sentido de la vida había tomado forma mucho tiempo atrás en su cabeza. Millones de personas vagaban por la vida escarbando en los porqués, desmenuzando las posibles respuestas, y la mayoría morían con la sensación de no haber conseguido nada. Muchos otros lo olvidaban por el camino y vivían como hojas sopladas por el viento, sin preguntas ni deseos, pero como ellos proclamaban, eran felices. Daniella tenía una fuerte necesidad desde niña: sentirse parte del todo, una muy importante y relevante. Necesitaba alzar la voz de alguna manera, alcanzar algún hilo y poder tirar de él, aunque solo fuera un poquito, “lo suficiente” se decía.

El puesto al que optaba, tras varias entrevistas y pruebas previas, tenía un brillo especial. Un olor que lo hacía diferente a todos lo que había probado hasta ahora; sabía que era el camino a seguir y por eso no podía fallar.

Intentó desayunar algo, pero no consiguió tragar nada sólido y comenzó el día únicamente con un café bien cargado. Comprobó por enésima vez la carpeta donde había guardado el currículo, los artículos y las recomendaciones. Todo estaba en su sitio. Cerró la carpeta con cuidado y miró de nuevo el reloj. Decidió que ya era hora de marcharse y, a pesar de faltar una hora y media para la cita, salió por la puerta.

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