Anhelo

Llegó entonces un día en el que todas las experiencias que el mundo podía ofrecerle ya las había hecho suyas en algún momento. Cansado y saciado de vida observaba los días desfilar ante sus ojos como copos de nieve cayendo en silencio. Cerró los ojos y se dejó caer hacia atrás, deseando terminar con todo cuanto antes. Pero sabía que su último deseo, la experiencia culmen de una vida, jamás se haría realidad.

Deseó no haber existido nunca. Odió a la raza humana, por su insignificancia, pero sobre todo por tener en sus manos su único anhelo, siempre inalcanzable.

Y así, con el paso del tiempo, el inmortal vio la extinción del ser humano. Y odió a la Muerte por haberlo ignorado durante millones de años, siempre a él y sólo a él. A pesar de las súplicas, de los ruegos, de las oraciones y los sacrificios. Y fue solamente en ese preciso instante, con el último ser vivo hecho cenizas, cuando entendió por qué él, el Inmortal, no podía morir . Y cuando se miró a sí mismo y observó al único habitante de la Tierra, ésta ya no albergaba vida alguna.