Muro

Desde el mismo momento en que empezó a existir, hacía ya diez años terrestres, Único había dedicado su existencia a caminar sin descanso. Su razón de ser era apoyar un pie en la arena mientras desplazaba el otro hacia adelante con la única intención de apoyarlo de nuevo y avanzar así un poco más. Su paso era lento, constante y equilibrado por lo que su movimiento era en línea recta. Su dirección y sentido habían sido los mismos durante diez años y probablemente seguirían así hasta el primer instante de su inexistencia. Sin embargo andar sin descanso por aquel desierto no era su única actividad, Único poseía un cerebro y era capaz de percibir su entorno, analizarlo y preguntarse sobre el por qué y el cómo de todo ello. Era capaz de relacionar entre sí los datos que le llegaban a través de sus sentidos y crear ideas y formas de entender su mundo que ni habían nacido con él ni estaban representados en el mundo material. Sigue leyendo