La petición

Asintió con los párpados ocultando el terror, y esa fue su respuesta. Su cuello resplandeció en la oscuridad guiando así a la muerte. Los colmillos de su amada se clavaron con fuerza, vaciándole de vida. Y durante la despedida sintió que a pesar de la muerte, el amor persistiría más allá del tiempo. Ella se odió por haber cedido al fin ante tantas presiones, tantas tormentas. Pero sobre todo por no haber podido marcharse, la pasión le había hecho débil. Y aunque enterrase ese odio en las profundidades, siempre seguiría encendido, iluminando la cueva. Y en aquel instante supo con certeza que el amor que ahora tendría para siempre, jamás sería el que encontró en él cuando aún era humano.

Anhelo

Llegó entonces un día en el que todas las experiencias que el mundo podía ofrecerle ya las había hecho suyas en algún momento. Cansado y saciado de vida observaba los días desfilar ante sus ojos como copos de nieve cayendo en silencio. Cerró los ojos y se dejó caer hacia atrás, deseando terminar con todo cuanto antes. Pero sabía que su último deseo, la experiencia culmen de una vida, jamás se haría realidad.

Deseó no haber existido nunca. Odió a la raza humana, por su insignificancia, pero sobre todo por tener en sus manos su único anhelo, siempre inalcanzable.

Y así, con el paso del tiempo, el inmortal vio la extinción del ser humano. Y odió a la Muerte por haberlo ignorado durante millones de años, siempre a él y sólo a él. A pesar de las súplicas, de los ruegos, de las oraciones y los sacrificios. Y fue solamente en ese preciso instante, con el último ser vivo hecho cenizas, cuando entendió por qué él, el Inmortal, no podía morir . Y cuando se miró a sí mismo y observó al único habitante de la Tierra, ésta ya no albergaba vida alguna.

Demasiado tarde

Y de tanto procrastinar envejeció, Más de lo que nunca llegó a imaginar. Y aquella bofetada de realidad le turbó el pensamiento y le hizo agachar la cabeza.

Fue entonces cuando la autocompasión afloró de nuevo, pero esta vez no para entorpecer su caminar, sino para ofrecerle su propio reflejo. Al abrir los ojos se dio asco y se entregó a la realidad para deshacerse de los enjambres de sombras de sus demonios antes de morir.