El cazador de pensamientos

Una inesperada ráfaga de viento arrancó el sombrero de la cabeza del cazador, quedando ésta al aire y despeinada. Cuando cayó al suelo, un transeúnte que caminaba pocos pasos por detrás, se agachó a recogerlo. Tuvo el incontenible impulso de cubrir su cabeza con él, y sin meditarlo así lo hizo.

—¡Eh, oiga! —gritó el cazador mientras se volvía—. Devuélvame mi sombrero.

Al darse el otro por aludido se sintió descubierto. Avergonzado tomó el sombrero con delicadeza por la copa, se lo sacó de la cabeza y lo tendió al cazador. Éste, con una oscura sonrisa en su rostro, alargó la mano y asiendo su sombrero del ala, lo devolvió al lugar al que pertenecía.

Como tantas otras veces no pudo mantener los ojos abiertos, mientras los pensamientos y recuerdos de una nueva víctima pasaban a formar parte de él.